En estos días de pánico, precauciones y un tanto de pasividad, más que de tranquilidad, la ciudad de México ha tomado un rostro diferente con el que hace mucho no lo veíamos. En mis escasas salidas a la calle he podido ver escenas antes impensables en una de la ciudades más grandes del mundo, cosa impresionante para mí.
Desde que se desató el virus de la influenza y se condicionaron las salidas a lugares públicos miles de personas han abandonado las calles, y si salen, lo hacen con un cubrebocas que los proteja de la posibilidad del contagio.
Ahora todas las caras visten un recuadro azul o blanco que los mantenga sanos con tal de no parar las actividades. Los hemos visto por todos lados, y seguro seguirán por todo el mes...
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